La corrección de estilo se mueve en unos parámetros menos definidos y más subjetivos que la corrección ortotipográfica; sin embargo, eso no implica que todo valga, ni tampoco que su alcance sea infinito. En la corrección ortotipográfica se corrige lo que está mal, en la corrección de estilo se corrigen, además, cosas que no están mal (con las reglas en la mano), pero tampoco están bien.
Se trata de un trabajo profesional y, como tal, existen unos límites (por arriba y por abajo) que deben respetarse por parte del corrector y conocerse por parte del cliente, para tranquilidad y beneficio de todos.
Por un lado, no todas las correcciones de estilo son iguales ni todos los textos se trabajan con la misma profundidad. Se pueden aplicar distintos niveles de intervención de estilo a un texto (desde el más superficial hasta el más profundo), en función de los aspectos que se trabajen en la misma.
En este sentido, será el cliente (autor, editor…) quien determine hasta dónde quiere que llegue la corrección de estilo. Además, todos los textos se valoran teniendo en cuenta sus particularidades (original o traducción, primera publicación o reedición, público, género y tema…) y se ofrece una recomendación de acuerdo con ese objetivo.
- Cuestiones gramaticales
- Por ejemplo, el uso del gerundio, las preposiciones y conjunciones, aspectos de concordancia (tanto del sustantivo como del verbo) o el leísmo, laísmo y loísmo.
- Limpieza
- Por ejemplo, la puntuación, las muletillas, los falsos amigos, las repeticiones y redundancias, los circunloquios y obviedades innecesarias, así como el uso de extranjerismos y otros aspectos relacionados con la influencia de otras lenguas (como el uso poco natural de la pasiva).
- Expresividad
- Por ejemplo, evitar problemas léxicos, como la pobreza (usar siempre las mismas palabras), la impropiedad (usar palabras que no significan lo que se quiere decir), el abuso de comodines o palabras con muy baja carga semántica y la revisión de arcaísmos.
- Estructura
- Por ejemplo, la longitud de las frases, el orden sintáctico, la estructura del texto (párrafos, orden de los elementos)…
- Estilo
- Por ejemplo, para adaptarlo a necesidades concretas en función del contexto en que se encuadra, el destinatario o lector y la finalidad (sintetizar el contenido, asegurar que el lenguaje usado es políticamente correcto, aplicar criterios de lenguaje inclusivo o de lenguaje claro, unificar estilos dentro de una colección…).
Del mismo modo, ninguna corrección (ni siquiera la de estilo) va a reescribir un texto de principio a fin para convertirlo en algo que no es; si el texto es muy pobre, no está suficientemente trabajado o carece de una estructura y contenido básicos, no habrá corrección que lo arregle.
Por otro lado, la corrección de estilo no supone cambiar el estilo de un texto o de su autor, sino más bien lo contrario: se trata de captar y entender ese estilo propio del autor y luego pulir el texto para conseguir que sea coherente, fluido y consistente, de modo que el lector pueda apreciarlo durante la lectura.
Estamos hablando del tono, el ritmo, el público al que se dirige, etc. Son muchos los aspectos que definen lo que respira un texto; hay muchas maneras de decir la misma cosa, pero no todas ellas transmiten lo mismo, ¿verdad?
